Dilema etiológico en la enfermedad cerebral de pequeños vasos: evidencia por resonancia magnética de la superposición de vasculopatía amiloidea e hipertensiva crónica
Introducción
La
hipertensión arterial (HTA) constituye actualmente el principal factor de
riesgo modificable para enfermedad cerebrovascular, deterioro cognitivo y
demencia vascular a nivel mundial y
su prevalencia en nuestro país es elevada, lo que genera un impacto
significativo en la morbimortalidad cardiovascular y neurológica del paciente venezolano. Según el reporte de
la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el perfil de país actualizado
el 24 de septiembre de 2024 establece que la
prevalencia de la HTA es de 18,6 % en personas mayores de 18 años, lo
que correspondería aproximadamente a 3.933.900 personas que viven con esta
patología (1).
Las elevaciones graves la presión
arterial (PA) por encima de 180/120 mmHg con evidencia de daño agudo
a órganos diana se definen
como emergencias hipertensivas según la última
definición del consenso
de la AHA. Sus principales manifestaciones ocurren en corazón (IC aguda/edema agudo
de pulmón), cerebro
(ictus isquémico o hemorrágico,
encefalopatía), grandes vasos (disección aórtica), entre otros (2), siendo las
complicaciones cerebrales y cardíacas las más prevalentes en nuestro país, evidenciando el control subóptimo de esta
patología y explicando las manifestaciones de daño cerebral agudo y crónico
secundario a la hipertensión.
Según
un trabajo en investigación realizado por Hernández y Curé, a ser publicado
próximamente, se evidencia la prevalencia de emergencias hipertensivas expresadas en ictus en pacientes que acuden a la emergencia del Hospital Universitario de Caracas, con una N = 363 pacientes, hasta el momento
actual, lo que se traduciría a
que al menos la mitad de los pacientes que son evaluados por el servicio de
medicina interna en esta área, tienen manifestaciones clínicas atribuibles a disfunción cerebral
aguda como consecuencia de la HTA. En el estudio EVESCAM,
el principal estudio
nacional de base poblacional sobre
factores de riesgo
cardiometabólico en Venezuela, la prevalencia general fue de 60,4 %, la
estandarizada fue de 55,4 % en hombres y 49,0 % en mujeres para el año 2019 (3).
Estudios
recientes han demostrado que la hipertensión favorece la disfunción
neurovascular, la alteración de la barrera hematoencefálica y la
neuroinflamación, procesos que pueden
ser aditivos y facilitar la aparición de otras patologías que también se relacionan
a sangrado intracraneal (4), entre ellas cabe resaltar la microangiopatía amiloidea cerebral (MAC),
la cual se caracteriza por la acumulación de péptido β-amiloide en las
leptomeninges y vasos sanguíneos cerebrales pequeños
y medianos. El depósito de amiloide produce vasos frágiles que pueden
manifestarse en hemorragias intracerebrales lobulares (HIC). También puede presentarse con deterioro cognitivo,
microhemorragias incidentales, hemosiderosis, leucoencefalopatía inflamatoria,
enfermedad de Alzheimer o síntomas neurológicos transitorios (5).
Se hace breve mención a estas entidades a propósito del caso que se presenta
a continuación. |