Dilema etiológico en la enfermedad cerebral de pequeños vasos: evidencia por resonancia magnética de la superposición de vasculopatía amiloidea e hipertensiva crónica
Discusión
La microangiopatía hipertensiva constituye una forma esporádica de enfermedad de la microcirculación producida por el efecto
sostenido de cifras
elevadas de presión
arterial, usualmente se describe como una entidad comprendida dentro de la enfermedad cerebral de pequeños vasos (ECPV) asociada a HTA. Su principal
afectación está relacionada con las arteriolas penetrantes de los ganglios basales,
la sustancia blanca subcortical y el tálamo. La hipertensión crónica induce
disfunción endotelial, alteraciones en la autorregulación
cerebral, daño de la barrera hematoencefálica y remodelado vascular, lo que
favorece tanto fenómenos isquémicos (infartos
lacunares, leucoaraiosis) como hemorrágicos (microhemorragias,
hemorragia intracerebral) (6). Las manifestaciones clínicas más frecuentemente
relacionadas a esta patología incluyen:
deterioro cognitivo progresivo (especialmente de tipo subcortical, con afectación de la velocidad de procesamiento, atención
y funciones ejecutivas), trastornos de la marcha (apraxia de la marcha), síntomas motores
lacunares (hemiparesia pura, hemihipoestesia, ataxia hemiparética,
disartria-mano torpe), incontinencia urinaria, vértigo y crisis
epilépticas. El deterioro cognitivo y los trastornos de la marcha
son más frecuentes cuando las lesiones
afectan la sustancia
blanca frontal y los ganglios basales.
La carga lesional total y la localización topográfica de las
lesiones (sustancia blanca periventricular, ganglios basales, tálamo)
determinan la severidad y el tipo
de síntomas (7).
Entre
los recursos diagnósticos, cobra especial importancia la imagenología tomando
en cuenta que la resonancia magnética es la herramienta que brinda más información para su diagnóstico. Los hallazgos más comúnmente asociados a la ECPV asociada a HTA
que son altamente sugestivos son: microhemorragias cerebrales predominantemente en núcleos
profundos y en tronco encefálico, con menor frecuencia en lóbulos cerebrales, macrohemorragias predominantemente en los núcleos
grises profundos y el tronco
encefálico (con menor frecuencia en lóbulos cerebrales), ictus lacunares
subcorticales en los núcleos grises profundos, la sustancia blanca y el tronco encefálico, espacios
perivasculares dilatados en los ganglios basales, e hiperintensidades en
secuencia T2 ubicados en sustancia blanca, así como en los núcleos grises profundos y el tronco
encefálico (8), como se puede evidenciar en la figura 4. FIGURA 4
Descripción:
Imagen referencial extraída de Tsushima Y, Aoki J, Endo K. Microhemorragias
cerebrales detectadas en imágenes de resonancia magnética con eco de gradiente ponderadas en T2*. AJNR 2003:
muestra la imagen de eco de gradiente ponderada en secuencia T2 de un hombre
hipertenso de 67 años que tuvo un
ictus hemorrágico en núcleo
lenticular izquierdo 2 años antes muestra muchas microhemorragias profundas (8).
La ECPV asociada a HTA afecta
principalmente estructuras profundas subcorticales, es por esto que el diagnóstico diferencial es la MAC.
La MAC
constituye una enfermedad vascular cerebral
que se produce por el
depósito de β-amiloide en la pared de los vasos sanguíneos, produciendo de esta manera estenosis
de su luz, microaneurismas, degeneración de la media y la adventicia, lo que
aumenta la posibilidad de micro y macrohemorragias, así como procesos isquémicos. La incidencia de esta entidad
se ha relacionado con la edad, a predominio entre 65-90 años. En un estudio
realizado para establecer causas de deterioro
cognitivo en la vejez, se practicaron 1.079 autopsias de las cuales
el 36 % presentaba características histológicas compatibles con MAC moderada
o grave (9). Es importante destacar que esta patología
es poco frecuente en pacientes menores
de 60 años y que lo más común en estos casos
son las formas
hereditarias/iatrogénicas posterior a algún proceso neuroquirúrgico, tomando
en cuenta que su etiología puede ser hereditaria o esporádica. Se ha
relacionado con intervenciones del neuroeje en los que se han empleado
materiales contaminados con proteína β-amiloide, se han reportado casos con duramadre liofilizada de origen
cadavérico, instrumentos quirúrgicos o tratamientos con hormona de crecimiento
contaminada, la mayoría de los casos los pacientes presentaron clínica de la enfermedad 2 o 3 décadas posterior a
la intervención (10). Las formas genéticas están relacionadas a mutaciones en
genes como APP, ApoE, CR1, NOTCH3 o
COL4A1 y las formas esporádicas usualmente se asocian con el proceso de
envejecimiento de los vasos sanguíneos y enfermedades subyacentes (11).
Las
manifestaciones clínicas comunes comprenden fenómenos agudos como ataques
isquémicos transitorios y hemorragias intracraneales, a predominio lobares o como fenómenos crónicos como demencia de
lenta progresión, similar a la evidenciada en pacientes con Alzheimer, es por
esto que el paciente puede acudir por cefalea,
confusión, deterioro cognitivo, déficits neurológicos agudos focales y crisis (12).
Dado que es complejo
diferenciar entre la MAC y otras entidades
que podrían comportarse de forma similar,
en el año 2010 se hizo una modificación
a los Criterios de Boston 1.5, los cuales fueron establecidos
en el año 1990 como herramienta para estandarizar el diagnóstico de MAC
(también se reconoce en el texto como AAC – angiopatía
amiloidea cerebral). La versión más reciente de los Criterios de Boston 2.0
(ver figura 5), establecen cuatro categorías diagnósticas: MAC definitiva, MAC probable con evidencia patológica, MAC
probable y MAC posible. El diagnóstico de “definitiva” se establece con la
necropsia, la MAC “probable con evidencia patológica”
podría corresponder a pacientes intervenidos quirúrgicamente por la causa que fuere,
en la que se tomara biopsia del tejido y que en este se reporten características sugestivas de la misma, en el caso de la “probable” debe tener 55 años o más, con hallazgos imagenológicos de múltiples lesiones
hemorrágicas cortico- subcorticales sin otra causa
clínica o radiológica de hemorragia y la “posible” si cumple con los criterios anteriormente descritos excepto
que la lesión hemorrágica sea única.
FIGURA 5: Criterios de Boston 2.0 (modificación del año 2010) Extraído de: Thomas D. Revisión: Angiopatía amiloide cerebral (AAC) Revista Síntesis
– 2023.
Es
evidente que los estudios imagenológicos juegan un papel fundamental para el
establecimiento de este diagnóstico y que la ubicación y naturaleza de las lesiones, es importante para la distinción con otras entidades. En la MAC
las lesiones se ubican principalmente en lóbulos, corticales o subcorticales,
mientras que en la ECPV asociada a
HTA son los núcleos grises profundos y el tronco encefálico.
Desde el punto de vista imagenológico, está bien establecido que la resonancia magnética y específicamente la susceptibilidad magnética, juegan un papel fundamental para la detección de microhemorragias
cerebrales, las cuales son hallazgos clave de patología microangiopática cerebral.
Esta técnica permite visualizar focos hipointensos
que reflejan depósitos de productos sanguíneos, principalmente hemosiderina,
secundarios a daño de pequeños vasos. El fundamento físico de esta prueba es identificar estos depósitos
ricos en hierro que se acumulan en los macrófagos perivasculares tras la
extravasación de sangre por el daño vascular y esta interacción con el campo magnético se representa como lesiones
hipointensas de milímetros de diámetro, que corresponden a los focos de
hemorragia (12).
La
paciente presentada en el caso podría considerarse una mujer joven, quien
presenta síntomas crónicos (“desmotivación, “perdida de la iniciativa”) y
agudos (afectación de III nervio
craneano derecho, hemiparesia derecha) y hallazgo
en susceptibilidad magnética
de microhemorragias de distribución cortico-subcortical, pero también
en núcleos profundos, por lo que se plantea la disyuntiva sobre la etiología de
estas lesiones y la posibilidad de la coexistencia de las dos patologías.
En el
estudio de Tsai H, y cols.(13), se evidenció que los pacientes con hemorragia intracraneal mixta eran más jóvenes (62,8
± 11,7 frente a 73,3 ± 11,9 años en
MAC, p = 0,006) y mostraron una mayor tasa de hipertensión que los pacientes
con hemorragia intracraneal asociada solamente a MAC (p < 0,001).
En
2020 se publicó un estudio, en el cual se identificaron de manera retrospectiva
pacientes con probable MAC según los criterios de Boston modificados y
microhemorragias cerebrales mixtas,
la distinción entre ambas fue realizada por un radiólogo certificado que evaluó
imágenes de resonancia en la secuencia de susceptibilidad magnética, y posteriormente las mismas también fueron revisadas
por un segundo evaluador ciego a todos los demás resultados. Entre sus conclusiones se estableció que los pacientes con MAC eran mayores (78 ± 8 vs. 74 ± 9 años, p = 0,036)
y presentaban una mayor prevalencia de siderosis superficial cortical (19 % vs. 4 %, p = 0,027),
pero una menor prevalencia de
lagunas (73 % vs. 50 %, p = 0,018) y
lagunas profundas (23 % vs. 51 %, p =
0,0003) en comparación con los
pacientes con microhemorragias cerebrales mixtas (14). Das AS y cols en 2023 (15), estudiaron la coexistencia de la ECPV asociada a HTA y la MAC, se reconoce como una
posibilidad en el contexto de la enfermedad cerebral de pequeños vasos, si bien
son procesos independientes, a menudo se superponen, especialmente en suje1tos con deterioro cognitivo. El estudio incluyó
pacientes con microhemorragias con distribución mixta
y mostró que la superposición o los efectos sinérgicos de ambas entidades contribuyen al
desarrollo de este patrón mixto, sin embargo, la cohorte del estudio fue
constituida principalmente por pacientes
de edad avanzada (media de 77,0 años), se encontró que, dentro del grupo con
microhemorragias mixtas, aquellos sujetos con características predominantemente de CAM eran
significativamente más jóvenes (mediana de 75,0 años) que aquellos con
características predominantemente de enfermedad hipertensiva (mediana de 81,5 años).
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